lunes, 15 de marzo de 2010

Eucaristía con motivo del 350 aniversario de la muerte de Santa Luisa de Marillac

Hoy lunes día 15 de marzo de 2010 a las 19,30 h. en el Colegio el Milagro de Almería, la familia vicenciana se unirá para celebrar el 350 aniversario de la muerte de Santa Luisa de Marillac, fundadora de la congregación de las Hijas de la Caridad. De tal modo y por estar nuestra parroquia dirigida por la congregación de la Misión (Padres Paules) nos uniremos a ellos para acompañarlos y vivir en comunidad éste día para tan importante para ellos. Al finalizar la eucaristía se realizará una comida de convivencia con lo que cada persona haya aportado.

A continuación os damos algunos datos de Santa Luisa y la congregación de la Hijas de la Caridad:

Nació en Francia el 12 de agosto de 1591. Huérfana a los 14 años, sintió un fuerte deseo de hacerse religiosa, pero por su delicada salud, y su débil constitución no fue admitida. Un sacerdote le dijo: “Probablemente, Nuestro Señor te ha destinado a formar un hogar”.

Esposa modelo. Se casó entonces con Antonio Le Grass, secretario de la reina de Francia, María de Médicis.

Dicen sus biógrafos: “Luisa fue un modelo de esposa. Con su bondad y amabilidad logró transformar a su esposo que era duro y violento, y hasta obtuvo que en su casa todos rezaran en común las oraciones de cada día.

Madre cariñosa. Dios le concedió un hijo, al cual amó de tal manera que San Vicente le escribió diciéndole: “Jamás he visto una madre tan madre como usted”.

Y en otra carta le dice el santo: “Que felicidad nos debe traer el pensar que somos hijos de Dios. Pues Nuestro Señor nos ama con afecto muchísimo más grande que el que Usted le tiene a su hijo. Yeso que yo no he visto en ninguna otra madre un amor tan grande por el propio hijo, como el que Usted tiene hacia el suyo”.

Viuda y fundadora. A los 34 años queda viuda y entonces decide hacerse religiosa. “Ya he servido bastante tiempo al mundo”, exclamó, “ahora me dedicaré totalmente a servir a Dios”. Claro está que en la vida “mundana” que había tenido se había comportado tan sumamente bien que los que la conocieron están de acuerdo en afirmar que lo más probable es que ella no cometió ni siquiera un solo pecado mortal en toda su vida.

Dos directores formidables. Esta santa mujer tuvo la dicha inmensa de tener como directores espirituales a dos santos muy famosos y extraordinarios guías de almas: San Francisco de Sales y San Vicente de Paúl. Con San francisco de Sales tuvo frecuentes conversaciones espirituales en París en 1618 (tres años antes de la muerte del amable santo) y con San Vicente de Paúl trabajo por treinta años, siendo su más fiel y perfecta discípula y seguidora.

La fundación de las Hijas de la Caridad o Vicentinas

San Vicente de paúl había fundado grupos de mujeres que se dedicaban a ayudar a los pobres, atender a los enfermos e instruir a los ignorantes. Estos grupos de caridad existían en los numerosos sitios en donde San Vicente había predicado misiones, pero sucedía que cuando el santo se alejaba los grupos disminuían su fervor y su entusiasmo. Se necesitaba alguien que los coordinara y los animara. Y esa persona providencial iba a ser Santa Luisa de Marillac.

Cuando Luisa e ofreció a San Vicente para coordinar y dirigir sus grupos de caridad, el santo se entusiasmó y le escribió diciendo: “Vaya en nombre del Señor. Que Dios la acompañe. Que El sea la fuerza en el trabajo y su consuelo en las dificultades”.

Labor dura y fuerte. En aquellos tiempos los viajes eran muy penosos y peligrosos. Los caminos eran largos, las comidas malas, y los alojamientos sumamente incómodos. La santa tenía una constitución muy débil, pero San Vicente exclamaba: “Su salud es poca, sus tribulaciones son muchas y su actividad es infatigable. Pero sólo Dios sabe la fuerza de ánimo y de voluntad que esta mujer tiene”.

Sus viajes. Dicen sus biógrafos que Luisa recorría el país visitando las asociaciones de caridad y que llevaba siempre gran cantidad de ropas y medicinas para regalar y que casi todo lo compraba con dineros que ella misma por sus propios esfuerzos había conseguido.

Apenas llegaba al lugar, reunía a las mujeres de la asociación de la caridad, les recordaba los deberes y virtudes que debían cumplir quienes formaban parte de aquella asociación, las entusiasmaba con sus recomendaciones y se esforzaba por conseguir nuevas socias. Ella misma visitaba a los enfermos e instruía a los ignorantes y repartía ayuda a los más pobres, y esto lo hacía con tal entusiasmo y tan grande bondad, que cuando marchaba de allí, quedaba todo renovado y como rejuvenecido.

Tristezas familiares. La familia Marillac, que ocupaba altos puestos en el gobierno, cayó en desgracia del rey Luis Trece y uno fue condenado a muerte y otros fueron a la cárcel. Luisa, aunque sufría mucho a causa de esto, no permitía que nadie hablara mal en su presencia contra el rey, y su primer ministro Richelieu que tanto los había hecho padecer.

La nueva comunidad. En 1633, el 25 de marzo, las primeras cuatro jóvenes hacen votos o juramentos de pobreza, castidad y obediencia, bajo la dirección de Luisa. Así nació la más grande comunidad femenina que existe, las Hermanas Vicentinas Hijas de la Caridad.

Un reglamento muy especial. San Vicente les hizo este curioso reglamento: “Por monasterio tendrán las casa de los enfermos. Por habitación una pieza arrendada. Por claustro tendrán las calles donde hay pobres qué socorrer. Su límite de acción será la obediencia. Puerta y muro de defensa será el temor de ofender a Dios. El velo protector será la modestia o castidad”. ¡Curioso reglamento! ¡Más único que raro! ¡Pero maravilloso!.

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